miércoles, 1 de septiembre de 2010

Retomando

Cierro los ojos y me detengo un momento a observar.

Oigo pasos, movimientos y respiraciones. O mejor dicho, oigo ciertos ruidos que creo que son pasos, movimientos y respiraciones. Observo que estoy diferenciando a esos ruidos particulares del resto de sonidos: los observo amplificados, destacados del ruido de fondo. Los sonidos ya incluyen etiquetas: "pasos", "movimientos", "respiraciones". Y otras más: "primer plano", "co-presencia" (contexto, ruido de fondo). Y también "lejos", "cerca": posición y dirección. Información toda ella que "llega" junto con la percepción, que parece formar parte de lo que percibo. Pero no es así: lo estoy añadiendo yo.

Y mucho, mucho más tarde, organizo toda esta información y le doy forma en una imagen: "dos mujeres". Después continúo elaborando, ya como respuesta intelectual, que la respiración es agitada, que deben haber llegado caminando, etc. Seguramente también habrá una respuesta emotiva (gusto o rechazo por las mujeres), y una respuesta motriz (mis ojos se giran hacia ellas aunque los tenga cerrados). Y de esas elaboraciones tengo una nueva percepción: quizás me imagine a las mujeres sudando, puesto que vienen agitadas y desde el calor, y preste atención al olfato tratando de corroborar la idea, y tal vez llegue incluso a imaginar el olor aún sin percibirlo. Y de ello tendré nueva percepción, y vuelta a empezar.

Intento separar las "percepciones" de las "etiquetas", en una especie de "percepción limpia". Ubico a mis sentidos como meros receptores de datos sin etiquetar y observo que me resulta extraordinariamente difícil. Mi mirada ya diferencia los objetos entre sí y añade adjetivos (brillo, color, forma). Incluso los objetos que no reconozco llegan con la etiqueta "desconocido" y la tensión de búsqueda, el rastreo en memoria para relacionarlo con otros datos.

Insisto en esta postura de "percepción limpia" mientras mi conciencia, pertinaz, se empeña en clasificarlo todo. Allá donde dirijo la atención, la conciencia rodea a la percepción de todo tipo de datos. En mi esfuerzo por no interpretar, mi mirada se desenfoca y todo se vuelve "fondo". De repente ocurre un cambio sutil, un cambio de punto de vista, y todo se transforma: por un instante tengo el clarísimo registro de que lo que percibo es el fondo de mi retina. Me sobrecoge el registro de irrealidad, como si todo fuera un lienzo que en cualquier momento puede rasgarse. Como si viviera en Matrix.

¿Dónde está mi atención en ese momento? Mi atención está vuelta sobre la propia conciencia, atendiendo a cómo está funcionando. Y me doy cuenta de que al observar mi conciencia, no puedo dejar de clasificar lo que ésta hace, buscando nombres para lo que veo, relacionándolo con lo que ya he visto, continuamente tratando de comprender y de estructurar. Esa vieja entrometida.

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